VIVIENDAS SUSTENTABLES Y CALIDAD DE VIDA

Carolina Arango

En la actualidad todo apunta al Desarrollo Sustentable. En este contexto, todo producto o proceso que quiera ser innovador en Chile, debería estar alineado con las políticas planteadas por el gobierno y por las directrices establecidas por diferentes organizaciones mundiales. Debemos fortalecer la educación ambiental en las nuevas generaciones y la protección al ambiente, desde la concepción de un producto, hasta su disposición final. Lo sabemos, pero ¿cómo hacerlo?

Quienes trabajamos en ciencia tenemos la oportunidad y el desafío de ofrecer soluciones concretas. La dificultad radica en que la aplicación óptima de estos planteamientos, debe ir de la mano de acciones desarrolladas por distintos actores, desde las autoridades, hasta el ciudadano común.

En lo que a la ciencia le compete, a mi parecer es clave que, sea cual sea nuestra investigación, los fines comercializables producidos no generen impactos ambientales negativos, pues el fin último debiese ser siempre mejorar la vida de las personas y su entorno. Para estos efectos hoy es clave integrar este concepto en uno de los sectores productivos que más aporta a la economía nacional: la construcción. Construir viviendas sustentables no solo beneficia a quien las crea, sino que mejora indudablemente la calidad de vida de las ciudades y de quienes las habitan.

Actualmente en CIPA estamos evaluando la posibilidad de utilizar materiales de desecho provenientes de papeleras, productos plásticos y silvoagroindustriales, para fabricar un sistema constructivo con un mejoramiento térmico y por ende, de buena eficiencia energética. Nuestra propuesta es utilizar materiales reciclados, y adicionalmente poder aportar con una solución que reemplace aquellos contaminantes. Es necesario considerar que cualquier desarrollo amerita medir las consecuencias e impactos ocasionados por la incorporación de nuevos productos, no solo a la economía, sino también a la sociedad y al ambiente.

Tanto en Chile, como en la Región del Biobío, existen recursos destinados a la innovación. La responsabilidad de utilizarlos de buena forma, radica en quienes asumimos ese compromiso con nuestro trabajo desde la ciencia, pero por sobre todo, en quienes a diario consumen una serie de productos que generan impactos negativos en el ambiente.

Si los usuarios estuvieran motivados por una compra que aporta y soluciona la llegada de materiales que tienen valor a los vertederos, claramente el bienestar ambiental no dependería únicamente de la constante búsqueda de soluciones. Sin embargo, mientras sea ese el desafío, aquí estaremos para asumirlo.

Carolina Arango, Investigadora del Centro de Investigación de Polímeros Avanzados, CIPA.